NYPD

Nueva York da la espalda a su alcalde

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Publicat a El Correo Vasco el 28 de desembre de 2014

Una avioneta sobrevolaba el viernes el Hudson –en una mañana en que el cielo lucía especialmente despejado en Nueva York–, arrastrando una inmensa pancarta contra el alcalde de la ciudad. En grandes letras coloradas se podía leer: “De Blasio, our backs have turned to you” (De Blasio, te hemos dado la espalda). El encargado de la empresa de publicidad que alquila la aeronave no quiso revelar quién había contratado el servicio. Coincidía la misiva con la publicación de una carta de una coalición de policías, detectives y supervisores del Departamento de Policía (NYPD) “indignados por la retórica incendiaria” del alcalde, al que acusaban de “facilitar el actual clima de hostilidad contra el NYPD”.

A punto de cumplir un año al frente del City Hall, el demócrata Bill de Blasio cierra 2014 con una guerra en casa. Los sindicatos de policía se le han echado encima tras el asesinato de dos agentes en Brooklyn, tiroteados por un afroamericano con problemas mentales, que clamaba venganza por la muertes de Eric Garner y Michael Brown, víctimas de la brutalidad policial. La noche del crimen, los policías que llenaban los pasillos del hospital donde trasladaron los cuerpos de los agentes volvían la espalda al paso del mandatario. El presidente de uno de los sindicatos, Patrick J Lynch iba, aún, más allá y señalaba que el alcalde tenía las manos manchadas de sangre.

De Blasio había denunciado racismo en el cuerpo (formado por unos 35.000 agentes), se había mostrado sorprendido por la decisión de un gran jurado de exonerar al policía que asfixió a Garner y había sido permisivo y dialogante con los manifestantes que tomaron la calle tras saberse que el agente no iría a juicio. Ocurre que enfrentarse con los sindicatos policiales en Nueva York, una ciudad de ocho millones y medio de habitantes con grandes desigualdades, resulta una temeridad. Más cuando sus predecesores en el cargo, los republicanos Michael Bloomberg y Rudy Giuliani lograron presentar en su día cifras de criminalidad en descenso. Unas cifras que, en once meses, De Blasio, sin embargo, ha logrado mejorar.

En el trasfondo del conflicto con el NYPD, el presentador del programa Pura política, de la cadena NY1 Juan Manuel Benítez apunta a la negociación del convenio laboral. También a los cambios en la dirección y la política del departamento, para cuya jefatura el dirigente progresista recuperó, paradójicamente, a William Bratton, comisionado con Giuliani.

“No se puede acusar a De Blasio de querer reformar el NYPD porque era un punto que ya llevaba en su programa”, esgrime el periodista. Y prosigue: “En cuanto se tensa la cuerda, la ciudad se pone nerviosa y se echa marcha atrás. Han querido conectar las protestas antipoliciales con un loco que mata a dos policías. Además, el alcalde goza de muy poca popularidad con los tabloides neoyorquinos, lo han machacado mucho”.

“El New York Post lo odia con pasión y The New York Times considera que no es suficientemente de izquierdas”, conviene el jefe Bratton, en una curiosa visión, pues, De Blasio, declarado sandinista, está, seguramente, más a la izquierda que la línea del diario.

Alcanzada la alcaldía de Nueva York, tras dos décadas de gobierno republicano, el dirigente demócrata se comprometió a convertirla en una “ciudad unida, solidaria y justa”, a terminar con las diferencias, a acabar con la Historia de las dos ciudades –título de una novela de Charles Dickens–: la de los ricos que viven alrededor de Central Park y el 25% de la población que, según el CEO (Center of Eocnomic Oportunity), subsiste en riesgo de pobreza.

“De Blasio es el primer alcalde que toma las riendas de la ciudad cuando las minorías son la mayoría, cuando ya hay más negros, asiáticos e hispanos que blancos”, destaca Marlene Peralta, reportera de El diario de Nueva York.

En campaña, propuso un claro giro a la izquierda. Y logró el 72 por ciento de los votos –750.000, en una ciudad con casi ocho millones y medio de habitantes–. Un año después de lograr la alcaldía, el 52% de su población considera que Nueva York no va por buen camino. Un 32% de los blancos aprueban al regidor y un 49% lo suspende. Entre los afroamericanos y latinos el porcentaje cambia: 70-19 y 60-25.

“Se le ve como un alcalde negro por las características de su familia, que jugó un papel estratégico en su campaña electoral”, añade el presentador de Pura Política. De Blasio, de origen italiano, está casado con Chirlane McCray, poeta y activista afroamericana. El matrimonio tiene dos hijos: Dante y Chiara. El chico, aseguran los analistas, resultó fundamental en la victoria electoral del alcalde, al protagonizar un anuncio televisivo en el que, con su pelo afro, destacaba los puntos fuertes del programa de su padre.

En su hoja de ruta, De Blasio se comprometió a trabajar para que todos los neoyorquinos tuvieran un puesto de trabajo y para el crecimiento de todos los barrios de la ciudad. Insistió en la cuestión educativa y en la inversión en centros de preescolar para luchar contra las desigualdades desde la base. Proyectó una Nueva York segura con más viviendas sociales y menos accidentes de tráfico. También hizo un guiño a los colectivos de lesbianas, gais, bisexuales y transexuales; a la gente mayor, y a los animalistas.

De momento, en cuanto a las cuestiones de seguridad, el político ha puesto fin a la práctica de detener y cachear (stop-and-frisk) que los defensores de los derechos civiles denunciaron durante el mandato de Giuliani y Bloomberg (acusaban a la policía de aplicar los cacheos de forma desproporcionada a gente afroamericana y de otras minorías). En la misma línea despenalizó la posesión de pequeñas cantidades de marihuana. También regularizó su utilización para uso medicinal.

“El stop-and-frisk quitó 60.000 armas ilegales de nuestras calles. De Blasio no es un alcalde, es un activista”, lamenta el Director de la oficina republicana en la Asamblea del Estado Juan Carlo Polanco.

Más allá de la cuestión policial, el alcalde ha negociado –algunos señalan que ha claudicado– y cerrado acuerdos con los sindicatos que representan a más de dos tercios de los empleados de la ciudad. Tras un intenso tira y afloja con el gobernador Cuomo, logró 340 millones de dólares de las arcas del estado para iniciar el programa que generaliza la educación preescolar pública –el llamado plan pre-K– y, empeñado en extender los servicios sociales, ha implantado la comida y las actividades extraescolares gratis en la educación media para todos los alumnos, sin tener en cuenta el poder adquisitivo de las familias. Aún así, Nueva York sigue siendo el “epicentro” de la segregación educativa, según un estudio reciente de la Universidad de UCLA.

Gracias a la abrumadora mayoría demócrata y de corte progresista con que cuenta en el consejo municipal, De Blasio también ha podido sacar adelante el carnet identificativo para inmigrantes indocumentados que les permitirá acceder a algunos servicios municipales. Y ha logrado la ampliación de los días de enfermedad pagados para los trabajadores.

En otro orden de cosas, redujo el límite de velocidad en la ciudad, lo que ha hecho disminuir notablemente los accidentes y atropellos. Y pretende prohibir los caballos, incluidos los que tiran de las carretas para turistas en Central Park, como prometió a los animalistas.

También se destaca su gestión en el caso de Ébola que, en noviembre, tuvo a la ciudad en vilo. El alcalde escenificó la recuperación del doctor Craig Spencer, contagiado en Guinea, con un celebrado abrazo, como el que días antes el presidente Barack Obama dio a la enfermera Nina Pham.

No ha logrado en cambio meter mano a la cuestión fiscal. Prometió De Blasio presionar para que los ricos de Nueva York –especialmente mimados durante el mandato del multimillonario Bloomberg– pagaran más impuestos. Quería financiar la educación preescolar con una pequeña subida impositiva a las rentas más altas. Pero ahí dio con hueso. El gobernador Cuomo, también demócrata, estaba en periodo electoral y no quiso aprobar la propuesta y arriesgar el puesto.

Nueva York se une en el adiós a uno de los agentes caídos

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Publicat a El Diario Vasco el 27 de desembre de 2014

El sepelio por Rafael Ramos, uno de los dos policías asesinados el pasado fin de semana en Brooklyn mientras patrullaba, reunirá hoy en Glendale –en el distrito de Queens– a miles de personas, entre ellos, se espera a más de 22.000 agentes y una amplia representación política, encabezada por el vicepresidente de los Estados Unidos Joe Binden. También ha confirmado su presencia al oficio religioso el alcalde de Nueva York, el demócrata Bill de Blasio, a pesar de la tensa relación que mantiene con los sindicatos del departamento policial de la ciudad, el NYPD, y que explotó tras el fallecimiento de los agentes.

Ramos y el oficial Wenjian Liu fueron tiroteados mientras vigilaban una zona de viviendas sociales desde su coche. El autor de los hechos, un hombre afroamericano con problemas mentales, anunció a través de las redes sociales, antes de cometer el crimen, que vengaría la muerte de Eric Garner, asfixiado por un agente en Staten Island el pasado verano, y Michael Brown, el joven afroamericano tiroteado también por un oficial blanco en Ferguson en agosto.

Cientos de personas visitaron el día de Navidad el memorial a los dos agentes que se ha creado en el lugar de los hechos, en el barrio de Bed-Styvesant, en el centro del distrito de Brooklyn. Un trozo de calle que ha quedado cubierto de flores, velas y mensajes de apoyo a las familias, al NYPD y proclamas por la unidad de policías y ciudadanos.

Otras tantas personas mostraron ayer sus condolencias a la familia Ramos durante la velatorio del oficial, que se celebró en la misma iglesia de Glendale, la Christ Tabernacle, donde hoy se oficiará el funeral.

Ramos estaba a punto de cumplir 40 años y llevaba en el NYPD desde 2012. Afincado en Brooklyn, estaba casado y tenía dos hijos. “Estamos muy agradecidos por todos los sacrificios que hizo por nosotros. Mi hermano y yo lo recordaremos como a un héroe”, convino durante el velatorio Justin Ramos, de 17 años, sobre su padre.

Como suele suceder en Nueva York cuando un agente del orden fallece en servicio, las organizaciones benéficas de la ciudad se han volcado con los familiares del oficial, de origen hispano. Así las cosas, la Silver Shield Foundation, fundada por el que fuera dueño de los New York Yankees, George Steinbrenner, donará 40.000 dólares para garantizar la educación de sus hijos. Aunque el Bowdoin College, donde estudia Justin, ya había anunciado anteriormente que se haría cargo de los costes de la formación del primogénito de Ramos.

En la misma línea, la Fundación Stephen Siller Tunned to Towers, creada después del 11S, anunció que pagará las hipotecas de ambos agentes.

La fecha del funeral de Liu sigue sin fijarse a la espera que el NYPD solucione los trámite de visado de sus familiares residentes en China.

Aunque el alcalde De Blasio pidió unidad en la ciudad hasta que pasaron los funerales de los agentes, las manifestaciones para denunciar la brutalidad policial en el país se han seguido convocando estos días. Ayer mismo se celebró la última en Brooklyn.

“Conectar un acto aislado, que un hombre mate a un a policía de Nueva York, con un movimiento de masas no violento es un error. No se puede silenciar a las innumerables voces de los neoyorquinos que buscan la justicia, la dignidad y el respeto de todos”, señaló a The New York Times Joo-Hyun Kang, directora ejecutiva de la Comunidad para la Reforma Policial, uno de los grupos de activistas que se manifiesta estos días en la ciudad.

Nueva York llama a la calma

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Publicat a El Diario Vasco el 23 de desembre de 2014

Las autoridades de Nueva York tratan de rebajar la tensión que se vive en la ciudad en los últimos días, tras el asesinato de dos agentes de policía en Brooklyn y la reacción de parte del cuerpo, el NYPD, que señaló al alcalde, Bill de Blasio, como corresponsable de los hechos.

De Blasio, que finalmente pudo visitar ayer a las familias de los fallecidos, Wenjian Liu (32 años) y Rafael Ramos (39), en lo que se podría entender como un gesto de distensión del departamento, recurrió a un discurso emocionado, evocando los “tristes” minutos que pasó con los allegados de ambos agentes, para pedir una tregua a la policía y, también “dejar las protestas a un lado”, en referencia a las manifestaciones contra la brutalidad policial que se repiten en la ciudad tras las muertes de Mikel Brown o Eric Garner.

En un discurso entrecortado, con largos silencios, el alcalde insistió: “Es tiempo de estar unidos, respetar a las familias, hacer un paso atrás y concentrarnos en ellos. Hablaremos de todo en el momento apropiado. La luz se va, hoy es el solsticio de invierno, pero volverá”.

Los sindicatos de policía, acusan a De Blasio, entre otras cosas, de no haber estado al lado del cuerpo tras las protestas por los últimos casos de violencia policial –en Nueva York, las muertes de Garner y Akai Gurley– que han puesto al departamento en el punto de mira.

Ayer, el jefe de la policía, William J. Bratton, llegó incluso a afirmar, en una entrevista en la NBC, que el asesinato de los agentes era un “spinoff” de las protestas ciudadanas.

Horas antes, el gobernador, el también demócrata Andrew Como, pronunció un discurso parecido al de De Blasio, en la NPR (la radio pública). “Este es un momento para la reflexión y la unidad. Debemos permitir un tiempo de paz a las familias, pensar y aprender qué debemos cambiar. Ahora los sentimientos están demasiado a flor de piel”, dijo. Algunos familiares de los agentes muertos pidieron, igualmente, superar este mal trago en paz.

Y es que muchos recuerdan que desde diciembre de 2011 no moría asesinado un agente de la policía de Nueva York. “Des 1970, cuanto entré en el cuerpo, que no vivía una tensión como la actual”, añadió Bratton.

De momento, desde el gabinete del alcalde se sigue intentando limar asperezas con el NYPD para que el mandatario pueda asistir al entierro de los agentes asesinados sin sentir, de nuevo, el rechazo de sus compañeros. De Blasio fue mal recibido por estos en el hospital, la misma noche de la muerte de Ramos y Liu. Los agentes lo recibieron de espaldas.

 La policía de Baltimore advirtió a la de NY

En cuanto a la investigación de los hechos, se sigue recabando información sobre el asesino, Ismaaiyl Brinsely. Robert Boyce, jefe de detectives del departamento de policía de Nueva York ha revelado que Brinsley, de 28 años, había sido arrestado en 19 ocasiones –en Georgia y Ohio– por pequeños delitos. Y condenado a dos años de prisión por haber disparado un arma robada en un lugar público.

Según Boyce, tras sus problemas con la justicia, el joven “declaró haber estado bajo tratamiento psiquiátrico”. Y se sabe que el año pasado, “intentó suicidarse”. Sus familiares aseguran no haber tenido ningún contacto con él en los últimos meses.

Los agentes rastrean ahora sus cuentas en redes sociales. Tanto en Instagram como en Facebook, Brinsley había mostrado “ira contra el gobierno, contra la policía, contra sí mismo y desesperación”, ha señalado el jefe de detectives.

Por otro lado, la policía de Baltimore, donde vivía el hombre y dónde hirió a su expareja, antes de partir hacia Nueva York, insiste en que mandó a sus colegas del NYPD un fax con la fotografía de Brinsley en el que advertía que “un sospechoso armando con una pistola de 9mm” y que había publicado fotografías en Instagram amenazando con matar a algún policía ese día podía andar por Brooklyn.

En las últimas horas, también se ha sabido, que antes de matar a los policías, Brinsley conversó con un par de muchachos que encontró por la calle, según ha revelado el jefe de detectives Boyce. Les preguntó a qué pandilla pertenecían, los animó a seguir su cuenta de Instagram y, por último, los conminó a observar su fechoría.