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La herida racial se agranda en EEUU

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Publicat a El Diario Vasco el 26 de desembre de 2014

Los ánimos siguen encendidos en Berkeley (Misuri), donde la noche del martes un policía mató a un joven afroamericano, Antonio Martin, de 18 años, en una gasolinera. Las protestas se han repetido desde el día de los hechos porque algunos consideran que se trata de un nuevo episodio de violencia policial contra un hombre negro. A diferencia de los casos de Michael Brown y Eric Garner, en esta ocasión, el agente asegura que el muchacho iba armado y le apuntó con una pistola. Algunos activistas defendían anoche en las redes sociales que Martin no sacó un arma sino un teléfono móvil cuando fue disparado.

De la virulencia mostrada por algunos vecinos contra la policía horas después del incidente, se ha pasado en las últimas horas a protestas pacíficas –se cortó una autopista en plena operación salida de vacaciones–. Aún así, ha habido varias detenciones.

Ninguno de los vídeos que ha hecho públicos la policía aclara suficientemente lo sucedido –en dos por la distancia y en el otro, por el ángulo de la toma–, en las imágenes grabadas por las cámaras del establecimiento se ve cómo el coche patrulla estaciona en la gasolinera, cómo un oficial sale del coche, parece encender su linterna y hablar con dos personas. De repente, uno de los dos hombres se aleja, se gira hacia el agente y hace un gesto con los brazos como si le apuntara, a lo que el oficial respondió con tres disparos.

Según el responsable del cuerpo policial, Jon Belmar, el oficial iba equipado con un dispositivo con cámara, pero no lo llevaba encendido en el momento de los hechos. El departamento facilitó horas después una fotografía de una pistola de 9mm que, asegura, encontró en el lugar y pertenecía al fallecido. El segundo hombre que se ve en las imágenes huyó y sigue en busca y captura.

Por la cercanía geográfica con Ferguson (donde hace seis meses murió tiroteado también por un agente Michael Brown), el alcalde de Berkeley, Theodore Hoskins, se apresuró a subrayar la diferencia entre ambos casos. “Aquí la mayoría de funcionarios somos negros, incluido el jefe de la policía. Aquí hay más sensibilidad”, insistió. Y es que el 82% de los habitantes de la ciudad (unos 9.000) son afroamericanos y uno de cada cuatro vive en la pobreza, según datos del censo de los Estados Unidos.

Aún así, el regidor lamentó: “De nuevo un policía blanco mata a un negro, ¿cuándo va a parar esto?”. Y prometió una investigación independiente de lo sucedido.

Los altercados estallaron en Ferguson a finales de noviembre cuando se supo que el agente que mató en verano a Michael Brown, un joven afroamericano desarmado, no sería juzgado. Hubo varios incendios en la ciudad y destrozos en distintas zona. También enfrentamientos con la policía durante varias noches.

Nada que ver con las protestas de Nueva York, la mayoría no violentas, tras la controvertida decisión de otro gran jurado de no imputar al oficial que mató a otro hombre afroamericano desarmado, Eric Garner, por estrangulamiento. Garner vendía de forma ilegal cigarrillos en la calle.

Volviendo a Misuri, del oficial que disparó a Martin sólo ha trascendido que es un hombre blanco, de 34 años y con seis años de experiencia en el Departamento policial de Berkeley

Toni Martin, la madre del fallecido se acercó al lugar de los hechos minutos después del incidente. “Era un buen chico, tenía 18 años, e intentaba seguir con su vida adelante. Estábamos tratando que volviera a la escuela y esas cosas”, declaró, muy afectada, tras explicar que el joven había sido expulsado del colegio.

Racismo en el NYPD

Tras los recientes episodios de brutalidad policial que han terminado con la muerte de varios ciudadanos afroamericanos en los Estados Unidos, Reuters entrevistó a 25 funcionarios también afroamericanos del Departamento de Policía de Nueva York –15 ya jubilados–. Todos menos uno aseguraron que, estando fuera de servicio, habían sido víctimas de discriminación racial por parte del cuerpo policial.

Cuentan los oficiales que en alguna ocasión han sido detenidos sin razón aparente y forzados a apostarse contra el capó de la patrulla, varios mientras conducían. También denuncian haber sido apuntados por un policía en la cabeza con un arma, obligados a identificarse y cacheados mientras estaban de compras. Los encuestados señalaron que sólo habían tenido percances con agentes blancos.

Cuatro detenidos por amenazas en Nueva York

Cuatro personas han sido detenidas en las últimas horas por amenazas contra funcionarios del Departamento de Policía de Nueva York. Según recoge The New York Times, las amenazas contra los agentes han aumentado de un tiempo a esta parte. Se han investigado más de 40, las consideradas graves. La mayoría se originaron fuera de Nueva York y se han remitido a los organismos policiales locales.

John J. Miller, comisionado adjunto de inteligencia y contraterrorismo, señaló al diario que “un puñado de las llamadas son motivo de preocupación”.

Tras la muerte de dos agentes en Brooklyn el pasado fin de semana, los dirigentes de departamento policial aconsejan a los agentes estar especialmente alerta y llevar siempre puesto su chaleco antibalas. En varias estaciones del metro de la ciudad hay estos días anuncios de la NYPD. “Get proud, get involved, get ready” (orgulloso, implicado, preparado), rezan, con fotografías de policías en actitud cercana a los ciudadanos.

Para mañana está previsto el funeral de Rafael Ramos, uno de los oficiales muertos. Será en una iglesia de Queens y está prevista la asistencia del vicepresidente Joe Biden.

Por otro lado, se sigue investigando cómo consiguió Ismaaiyl Brinsley el arma con que mató a los agentes. Se sabe que la semiautomática plata Tauro fue comprada legalmente en un comercio del sur de Atlanta en 1996. Según ha trascendido, por una persona de origen asiático. Este declaró a la policía haber regalado el arma a un familiar cercano.

 

 

Nueva York llama a la calma

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Publicat a El Diario Vasco el 23 de desembre de 2014

Las autoridades de Nueva York tratan de rebajar la tensión que se vive en la ciudad en los últimos días, tras el asesinato de dos agentes de policía en Brooklyn y la reacción de parte del cuerpo, el NYPD, que señaló al alcalde, Bill de Blasio, como corresponsable de los hechos.

De Blasio, que finalmente pudo visitar ayer a las familias de los fallecidos, Wenjian Liu (32 años) y Rafael Ramos (39), en lo que se podría entender como un gesto de distensión del departamento, recurrió a un discurso emocionado, evocando los “tristes” minutos que pasó con los allegados de ambos agentes, para pedir una tregua a la policía y, también “dejar las protestas a un lado”, en referencia a las manifestaciones contra la brutalidad policial que se repiten en la ciudad tras las muertes de Mikel Brown o Eric Garner.

En un discurso entrecortado, con largos silencios, el alcalde insistió: “Es tiempo de estar unidos, respetar a las familias, hacer un paso atrás y concentrarnos en ellos. Hablaremos de todo en el momento apropiado. La luz se va, hoy es el solsticio de invierno, pero volverá”.

Los sindicatos de policía, acusan a De Blasio, entre otras cosas, de no haber estado al lado del cuerpo tras las protestas por los últimos casos de violencia policial –en Nueva York, las muertes de Garner y Akai Gurley– que han puesto al departamento en el punto de mira.

Ayer, el jefe de la policía, William J. Bratton, llegó incluso a afirmar, en una entrevista en la NBC, que el asesinato de los agentes era un “spinoff” de las protestas ciudadanas.

Horas antes, el gobernador, el también demócrata Andrew Como, pronunció un discurso parecido al de De Blasio, en la NPR (la radio pública). “Este es un momento para la reflexión y la unidad. Debemos permitir un tiempo de paz a las familias, pensar y aprender qué debemos cambiar. Ahora los sentimientos están demasiado a flor de piel”, dijo. Algunos familiares de los agentes muertos pidieron, igualmente, superar este mal trago en paz.

Y es que muchos recuerdan que desde diciembre de 2011 no moría asesinado un agente de la policía de Nueva York. “Des 1970, cuanto entré en el cuerpo, que no vivía una tensión como la actual”, añadió Bratton.

De momento, desde el gabinete del alcalde se sigue intentando limar asperezas con el NYPD para que el mandatario pueda asistir al entierro de los agentes asesinados sin sentir, de nuevo, el rechazo de sus compañeros. De Blasio fue mal recibido por estos en el hospital, la misma noche de la muerte de Ramos y Liu. Los agentes lo recibieron de espaldas.

 La policía de Baltimore advirtió a la de NY

En cuanto a la investigación de los hechos, se sigue recabando información sobre el asesino, Ismaaiyl Brinsely. Robert Boyce, jefe de detectives del departamento de policía de Nueva York ha revelado que Brinsley, de 28 años, había sido arrestado en 19 ocasiones –en Georgia y Ohio– por pequeños delitos. Y condenado a dos años de prisión por haber disparado un arma robada en un lugar público.

Según Boyce, tras sus problemas con la justicia, el joven “declaró haber estado bajo tratamiento psiquiátrico”. Y se sabe que el año pasado, “intentó suicidarse”. Sus familiares aseguran no haber tenido ningún contacto con él en los últimos meses.

Los agentes rastrean ahora sus cuentas en redes sociales. Tanto en Instagram como en Facebook, Brinsley había mostrado “ira contra el gobierno, contra la policía, contra sí mismo y desesperación”, ha señalado el jefe de detectives.

Por otro lado, la policía de Baltimore, donde vivía el hombre y dónde hirió a su expareja, antes de partir hacia Nueva York, insiste en que mandó a sus colegas del NYPD un fax con la fotografía de Brinsley en el que advertía que “un sospechoso armando con una pistola de 9mm” y que había publicado fotografías en Instagram amenazando con matar a algún policía ese día podía andar por Brooklyn.

En las últimas horas, también se ha sabido, que antes de matar a los policías, Brinsley conversó con un par de muchachos que encontró por la calle, según ha revelado el jefe de detectives Boyce. Les preguntó a qué pandilla pertenecían, los animó a seguir su cuenta de Instagram y, por último, los conminó a observar su fechoría.